Transición a la adultez
- 9 may 2024
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Actualizado: 7 may
La mayorĆa de edad muchas veces se percibe como un hito que otorga las facultades para enfrentar la vida adulta. Sin embargo, ese momento es una referencia oficial y no siempre coincide con el nivel de desarrollo piscológico y social de cada persona ya que se involucran factores culturales, socieconómicos y neurobiológicos.
Al retraso del paso a la adultez se le ha llamado āadultez emergenteā (emerging adulthood) por Jeffrey Arnett. Ā Dicho investigador postula que la edad adulta emergente no es ni adolescencia ni edad adulta, sino mĆ”s bien un perĆodo de tiempo distintivo y crĆtico que en promedio finaliza a los 25 aƱos pero que a veces se extiende hasta los 29 aƱos de edad [1]. Este perĆodo se caracteriza porque los jóvenes se sienten entre adolescentes y adultos, continĆŗan explorando su identidad en Ć”reas como las relaciones, las carreras y las creencias; tambiĆ©n incursionan en nuevos roles sociales y experimentan inestabilidad en el amor, en el trabajo y en el lugar de residencia, pero sin perder la idea optimista sobre las oportunidades incomparables para transformar sus vidas.

Para la persona autista, esta etapa exploratoria, caracterizada por menor estructura familiar y escolar, puede vivirse al inicio como una liberación optimista tal como sucede en la mayorĆa de los jóvenes. Sin embargo, al poco tiempo de incursionar en la vida adulta, esta falta de estructura se percibe como una amenaza directa a su regulación y predictibilidad. Para comprender esta experiencia, es vital reconocer que la adquisición del conocimiento del mundo que no se enseƱa formalmente ni se expresa de manera abierta y explĆcita (lo que Stenberg llamó conocimiento tĆ”cito) presenta marcadas diferencias neurológicas y de procesamiento en la población autista, especialmente en el Ć”mbito social.
En el desarrollo neurotĆpico, transitar hacia la adultez implica lidiar con la ambigüedad y los nuevos roles sociales empleando precisamente el conocimiento tĆ”cito (una intuición social que se asimila automĆ”ticamente). En contraste, el cerebro autista, procesa las demandas sociales de forma manual y explĆcita, valiĆ©ndose de un procesamiento analĆtico, racional e inductivo. Por esta razón, una persona autista que hasta ese momento se habĆa refugiado en la estructura escolar y familiar comienza a experimentar desregulación emocional y desbordamientos. Ahora, las relaciones de pareja y la cultura laboral le exigen un gasto masivo de función ejecutiva simplemente para decodificar las reglas no escritas del mundo adulto. Esta inestabilidad, si no recibe el apoyo adecuado, desencadena problemas de salud fĆsica y mental que suelen atenderse clĆnicamente como sĆntomas aislados, ignorando que son la consecuencia de un desajuste sistĆ©mico en la vida de la persona.

En tĆ©rminos generales la transición a la adultez es una etapa compleja que plantea una serie de retos e incluso consideraciones legales para cualquier persona pero que se agudiza para personas autistas y sus cuidadores. Uno de los aspectos mĆ”s complejos es que se desintegra la compleja red de servicios y apoyos que alguna vez fueron coordinados y proporcionados por fuentes externas, como escuelas y profesionales de la salud [3]. Cuando las fuentes de apoyo pierden su estructura y coordinación es mĆ”s complicado que la persona siga un camino que satisfaga las necesidades financieras, de vivienda, emocionales, sociales y mĆ©dicas; incluso los desafĆos que enfrentan los adultos emergentes autistas pueden afectar el desarrollo de la autoestima, la autoidentidad y los resultados adultos [4]. A causa de ello, inicia un proceso de moratoria, ese estado de identidad descrito por James Marcia, en el que se ponderan alternativas mientras se estĆ” en crisis.
Durante esta "moratoria", independencia puede retrasarse, no como una concesión cultural de la Ć©poca contemporĆ”nea, sino una necesidad neurobiológica para construir andamios de supervivencia antes de salir al mundo adulto. Como herramienta se recurre a un masking (camuflaje) para tratar de adaptarse e imitar a los pares neurotĆpicos en cuanto a planes de vida, rutinas de trabajo o estilos de vida, disparando costo cognitivo altĆsimo. Este fenómeno es particularmente frecuente en autistas aĆŗn no diagnosticados, quienes, justo en la adultez emergente, suelen colapsar ante la incongruencia entre su mundo interno y el entorno que enfrentan. Este choque deriva a menudo en estrĆ©s postraumĆ”tico, crisis de ansiedad o diagnósticos psiquiĆ”tricos erróneos (como el Trastorno LĆmite de la Personalidad o la Depresión Mayor), los cuales terminan eclipsando la verdadera neurobiologĆa autista subyacente.
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Si bien no todas las personas atraviesan la adultez emergente, las caracterĆsticas propias del autismo contribuyen a un pronunciado desfase entre la mayorĆa de edad y el inicio de la etapa adulta. Por tal motivo, deben de realizarse consideraciones para un plan de transición que abarque:
1.Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Mecanismos legales que protejan los intereses del individuo autista.
2.Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Capacidad
3.Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Necesidad de apoyos
4.Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā EconomĆa
5.Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Vivienda
6.            Educación
7.Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Transporte
8.            Cuidado médico, dental y mental
9.Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Apoyos sociales
10.Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Ā Red de apoyo para la toma de decisiones
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A pesar de que los desafĆos estructurales e individuales prevalecen durante esta transición, muchos adultos emergentes autistas muestran gran resiliencia al establecer conexiones, construir una nueva red social y aceptar su identidad. Esta integración de circunstancias es el motor del proceso de cambio hacia la adultez (que normativamente suele alcanzarse entre los 18 y 22 aƱos). Dicho proceso, denominado "recentramiento" [5], consiste en pasar gradualmente de la familia a la independencia en tres etapas:
1.Ā Ā Ā Ā Ā La persona todavĆa se encuentra inserta en la familia de origen, pero empiezan a crecer las expectativas de autoconfianza y autonomĆa.
2.     Continúa vinculada a la familia (y quizÔ depende económicamente de ella), pero inicia exploraciones hacia compromisos a largo plazo.
3.Ā Ā Ā Ā Ā Alcanza la independencia total al tiempo que conserva los lazos familiares.
Para la persona autista, este proceso de "recentramiento" identitario adquiere un matiz radical: el Ć©xito en la adultez emergente no consiste necesariamente en cumplir con los hitos neurotĆpicos de independencia, sino en desaprender el masking. Este complejo desmontaje, mĆ”s comĆŗn en mujeres autistas, retrasa el recentramiento hasta el final de sus veintes (o mĆ”s allĆ”) momento en el que logra, por fin, construir una identidad que prioriza sus lĆmites sensoriales y su economĆa energĆ©tica. Al comprender su propia forma de procesar la información y volverse consciente de sus fortalezas y barreras, logra protegerse de manera efectiva contra las demandas sociales normativas.

De hecho, un estudio efectuado en 2019[6] informó que la experiencia de transición a la adultez en autistas trae beneficios de desarrollo personal no vistos en la infancia y adolescencia cuando se tiene menos empoderamiento para establecer una postura, preferencias, lĆmites e intereses. Incluso se descubrió que muchos adultos emergentes autistas percibieron la transición a la edad adulta como una oportunidad para desarrollar una nueva identidad social y ganar autonomĆa al emplear el autismo como una parte central de su identidad.
Bajo esta luz, surge la necesidad de replantear lo que significa madurar. Es fundamental proponer que, para la persona en el espectro autista, el verdadero concepto de "independencia" en la adultez no debe medirse bajo los estrictos estĆ”ndares convencionales de la autonomĆa fĆsica o el Ć©xito económico, sino por su nivel de emancipación cognitiva respecto al modelo neurotĆpico. Alcanzar la adultez exitosa no equivale a encajar de forma invisible en una sociedad que drena sus recursos, sino a conquistar la libertad mental para dejar de camuflarse. De este modo, la verdadera independencia se convierte en el acto radical de legitimar su propio sistema operativo, donde el autismo deja de ser un dĆ©ficit que debe ocultarse y se transforma en la brĆŗjula que rige y protege su proyecto de vida.


IDEAS PARA NAVEGAR |
Dejar de medir la madurez en base al reloj neurotĆpico. La independencia autista incluye el reto de legitimar la propia experiencia. |
Aceptar que alcanzar la madurez puede requerir mƔs tiempo, apoyos y recursos. |
Recordar que el recentramiento de la identidad autista ocurre cuando se comprenden los propios lĆmites sensoriales, se entiende cómo economizar energĆa y quĆ© estrategias evitan crisis. |
REFERENCIAS
[1] NH. (s.f.)What is emerging adulthood. https://www.unh.edu/pacs/emerging-adulthood
[2] Arnett, J.J. (2014).Ā Emerging Adulthood: The Winding Road from the Late Teens Through the Twenties, Second Edition.Ā Oxford University Press. https://www.researchgate.net/publication/330369978_Emerging_Adulthood_The_Winding_Road_from_the_Late_Teens_Through_the_Twenties_2nd_edition
[3] Elster y Parsi (2023) Transitioning from adolescence to adulthood with Autism Spectrum Disorder.
[4] Volkmar FR, Jackson SLJ, Hart L. (2017) Transition Issues and Challenges for Youth with Autism Spectrum Disorders..
[5] Tanner, J (2006). Recentering during emerging adulthood: A critical turning point in life span human development.Ā https://doi.org/10.1037/11381-002
[6] Lee et.al. (2022) Perspectives of Autistic Emerging Adults, Parents, and Practitioners
on the Transition to Adulthood. https://www.researchgate.net/publication/363413610_Perspectives_of_Autistic_Emerging_Adults_Parents_and_Practitioners_on_the_Transition_to_Adulthood
Ā [7] Munsey, C. (2006) Emerging adults: The in-between age. https://www.apa.org/monitor/jun06/emerging
[8] Marcia JE. Identity in adolescence. In: Adelson J, editor. Handbook of adolescent psychology. New York: Wiley; 1980. pp. 159ā187
[9] Papalia, D., Duskin, R., y Martorell, H. (2012) Desarrollo Humano. (12.a ed.). Mc Graw Hill.